miércoles, 3 de marzo de 2010

Cosas que pasan

En los últimos días estuvo lloviendo mucho por las mañanas y llegaba al trabajo mojado. Dejé de usar paraguas porque me gusta sentir la lluvia; igual cuando estuvo nevando, me gusta que la nieve caiga sobre mi cabeza.

Las mañanas son difíciles, con lluvia y sin ella, da igual. Veo que ya no se habla de Haití, ahora se habla de Chile y está bien. También se olvidarán de Chile. Muere Zapata en Cuba, dicen que fue disidente, preso político otros que fue un preso común que se convirtió en disidente por interés. La cuestión es que la información se manipula por ambas partes, aún así, se convertirá en una muerte más y la gente también la olvidará. Es así, que nadie se rasgue las vestiduras, porque la mayoría de la gente que opina es de boca para fuera.

Leo los diarios gratuitos que reparten por las mañanas en las salidas del metro y no encuentro ni una buena noticia y en los diarios principales tampoco hay mucho que leer. Por las noches en la televisión sólo hay mierda y no dudo que por las mañanas también. Al tratar de desconectar de los problemas personales, me sumerjo en el metro, observo e imagino, presto atención a las caras de la gente y en todas hay historias; voy tomando notas sobre un folio doblado que tengo en el bolsillo.

Siempre le digo a mi madre, cuando la llamo por teléfono, que me va bien en el trabajo y siento que ella respira tranquila. Pero no es del todo cierto, están despidiendo empleados y ya no me siento seguro. Hago todo lo posible para ser el mejor y hacer bien las cosas, para que no hayan excusas, pero nadie me garantiza nada. Y siempre hay alguien que tiene la conciencia de decir que los inmigrantes venimos a quitarles los puestos de trabajo. Y me indigno, les increpo, me defiendo. Defiendo y siempre reivindico. No me quedo callado por nada. Lo fácil es escribir aquí y opinar. Todos están en su derecho. Lo difícil es actuar, enfrentarse día a día con una realidad; si hay que discutir, lo hago; si tengo que pelearme para defenderme, me peleo. Y le cuento a mi madre que está en Lima, que no pasa nada, que todo está muy bien por aquí, y la escucho respirar tranquila.

Claudia me dice que no me implique demasiado porque voy a terminar peleándome con todo el mundo. Claudia hace que me modere y me mete en ese mundo suyo, dulce y canallesco, en el mejor sentido de la palabra. Me dice que he engordado. No sé si es verdad, pero si me ha salido una panzota. Ya no hago ejercicio, le digo. Si estuviera solo no sé que haría. Ella me desplaza sutilmente a un mundo donde solo estamos los dos. Algunos amigos poetas me dicen que nunca voy con ella a los eventos, a los recitales y no es que yo no quiera, es que a ella no le gusta el ambiente que se forma, detesta el ombliguismo de los poetas, aunque yo le hablo bien de los poetas que yo conozco y a los que considero mis amigos, y son pocos, claro. No me molesta que no quiera acompañarme en este mundillo, lo respeto y la entiendo.

La pizza huele mal, pero igual me la como. Llevo un par de semanas sin escribir poemas. Normalmente paso de la gente que mira por encima del hombro, pero últimamente me entran ganas de encararles. Hoy tampoco no he escrito ningún poema. Extraño Lima, pero ya no puedo vivir allá. Y Madrid se va haciendo pequeña.



Gio.

3 comentarios:

Ángel Muñoz dijo...

joer gio, estoy contigo en todo, hasta en el tiempo que llevo sin escribir poemas, a veces dan ganas de mandarlo todo al carajo pero hay que seguir amigo.

mjromero dijo...

Jo..., cómo andamos.
Un abuena crónica vale tanto o más que un poema, no?
Y esta crónica es muymuy buena.
Me hubiera gustado que fuera más extensa y seguir leyendo.
Es cierto que el panorama es desolador, sin embargo, qué inmensa fortuna tener un oasis dentro de tanta desolación, llámese Clara o Pedro.
UN abrazo grande.

víctor (el gato estepario) dijo...

Buena y descarnada crónica, amigo. Fue el único consejo que me dió mi padre antes de fallecer "jamás pierdas la dignidad pase lo que pase". Creo que mantener el instinto de supervivencia también es importante. Es un difícil equilibrio, pero necesario.

Me gusta la diferenciación tan clara que haces entre crónicas -cuando hablas en lenguaje muy directo y narrativo- y poesía -cuando te sumerges en lírica muy sugerente, de bastante altura a mi parecer- Hoy día se tiende a escribir poesía con lenguaje de crónicas. Son cuestiones de modas en cada época. Conste que a veces yo también lo he hecho -ésto último-, pero de forma muy ocasional y totalmente necesaria al caso en concreto.

SALUDOS DESDE LA TABERNA DEL CRÁPULA.