miércoles, 17 de marzo de 2010

Dos poemas de Blas de Otero

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AQUÍ TENÉIS, EN CANTO Y ALMA, AL HOMBRE

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.


ÍMPETU

Mas no todo ha de ser ruina y vacío.
No todo desescombro ni deshielo.
Encima de este hombro llevo el cielo,
y encima de este otro, un ancho río

de entusiasmo. Y, en medio, el cuerpo mío,
árbol de luz gritando desde el suelo.
Y, entre raíz mortal, fronda de anhelo,
mi corazón en pie, rayo sombrío.

Sólo el ansia me vence. Pero avanzo
sin dudar, sobre abismos infinitos,
con la mano tendida: si no alcanzo

con la mano, ¡ya alcanzaré con gritos!
y sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo
al mar, desde una fronda de apetitos.


Blas de Otero (Bilbao, 1919-Madrid, 1979)
Hizo sus primeros estudios en su ciudad natal, en una institución religiosa, y emprendió en Madrid la carrera de leyes que luego terminó en Valladolid. Al término de la Guerra Civil, fue durante un breve espacio de tiempo abogado en una industria vizcaína, y en 1952 tuvo una experiencia laboral en una mina de hierro de La Arboleda (Vizcaya), junto con los pintores Agustín Ibarrola e Ismael Fidalgo. Cántico espiritual (1942) es su primera entrega poética y en ella se percibe el mismo aliento místico que en la obra homónima de san Juan de la Cruz; en Ángel fieramente humano (1950), su segundo libro, es audible también el eco del místico abulense y, aun de Góngora, pero la religiosidad del poeta es aquí agónica, como lo fuera la de su paisano Unamuno; en esa obra, como en Redoble de conciencia que la sigue en 1951, hay una ardorosa denuncia de la sordera de Dios al grito angustiado del hombre. En 1958 se publicó en Barcelona Ancia, con prólogo de Dámaso Alonso. Antes, en 1955, había aparecido Pido la paz y la palabra, donde el poeta ―que dedica el libro «a la inmensa mayoría» y afirma su solidaridad con una generación «desarraigada sin más destino que apuntalar las ruinas»―, adopta una voz nueva para clamar contra un tiempo donde las injusticias se producen cotidianamente. sus obras posteriores (En castellano, 1959; Esto no es un libro, Puerto Rico, 1963; Que trata de España, 1964; Mientras, 1970), al tiempo que el verso, barroco en sus inicios, va haciéndose cada vez más enjuto y preciso, más funcional y articulado al concepto, en un equilibrio de forma y contenido que ha hecho de la poesía oteriana una de las más interesantes de nuestro tiempo. Según lo expresan algunos críticos de la obra poética de Blas de Otero, sus incursiones por el romancero español, su conocimiento de los maestros del Siglo de Oro y, también, sus particulares preferencias por poetas tan como César Vallejo, y San Juan de la Cruz, participan en gran medida en su capacidad de síntesis, en los juegos lingüísticos que el poeta logra con la ruptura formal de algunos versos tradicionales, del uso magistral del hipérbaton, de los encabalgamientos y de otros recursos poéticos. Otras obras del autor: Expresión y reunión (1969), Verso y prosa (1974), Todos mis sonetos (1977), Poesía con nombres (1977) y Viejo camarada (1978).

4 comentarios:

Pez Susurro dijo...

la fuerza de "Ímpetu"
me ha dehado clavado...

gracias por la selección.

un abrazo,Gio.

carmensabes dijo...

Qué grande, qué talento... una sensibilidad irrepetible.

Angel dijo...

me encanta el de ancia: angel fieramente humano y razón de amor, grande blas, abrazos gio.

virgi dijo...

Hacía tiempo que no leía nada de él. Pero lo leí mucho en mis años mozos...uf, cuánto! (¿tal vez la edad que puedas tener?)

Un abrazo