lunes, 9 de agosto de 2010

Viejo bolchevique

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Y el amor empuñó una hoguera y me quedé sin aire. Desangelado, ya no reparto mi rostro por el tiempo, ya no concibo mis dientes por las calles, ya no duermo con mi cerebro desnudo, ni expongo mi lengua a los alambres de púas. Me voy anegando, con biombos que recortan la medida de mi destreza, la que asaltaba balcones para trepar por tu cuerpo, la que exaltaba tu cuerpo para invadir el monte y caer muerto en el pozo de tus válvulas fluviales; ahora soy ánima que intenta limar tu corteza. Y la corteza se entreabrió y el poniente perforó el hueso. Ahora todo es una cuesta; Cuesta que no abraza, que no abriga, que no aplaca al muerto que sigue muerto con perros que le ladran como tarareando una melodía fúnebre a un viejo bolchevique que se ha quedado sin patria. El amor parece un juego, donde siempre hay uno que pierde y el otro termina sin alma.
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Gio.

3 comentarios:

benyrema dijo...

de puta madre. te creces.

virgi dijo...

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una maravilla
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Carmen Garrido Ortiz dijo...

Creo que es el mejor poema que te he leído. Durísimo, pero filosofía misma de la existencia.
Sigue brotando así.
Carmen