sábado, 18 de diciembre de 2010

Claudia

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Siempre avizoraba la luz cuando llegabas
lanzando cuchillos en mis albergues
con la mirada punzante en las fuerzas
y no cabía la sequía del panal,
ni la destrucción del enjambre,
no cabía animal sangrante,
ni verso azul en tu vestido,
sólo había espacio para los besos sin moldes,
los besos sin argucias,
los besos que abrían los silencios
y desenfrenaban al canalla del microbús remendado,
lanzado por la avenida sin pausa,
entonces, ya no buscaba un ataúd
para la miseria,
ya no buscaba el poema,
no me auscultaba el raído pecho
que incubaba callejones solitarios donde moría mi esperanza,
me bastaba tu quiebre y tu blue-jean de cinema
en los amaneceres altivos
para emocionar mi cara de cantina.
Ya no buscaba el poema,
me bastaba con decir tu nombre en plena hoguera,
nadar en tu ombligo,
desvestirme amansado por la albahaca de tus tardes
y adelgazarme fuerte, en las noches, hondamente lagartijas.







Gio.

1 comentario:

CAOS dijo...

No sé qué decir, sólo que siento cercana esa nostalgia, que casi se puede oler el dolor, y que al final se queda como un sabor agridulce, porque aunque duele, es verdaderamente hermoso la manera en la que cosiste cada verso.

Un beso. (eres un valiente)