sábado, 25 de diciembre de 2010

Insectívoro

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Me quedo insectívoro, a merced de una pajarera, aunque tu carne se me haya enquistado en el paladar, aunque tu sustantivo incesante siga en la sustancia, nadando en esta oquedad. Me siento sobre un suelo de imperfecciones, sin guarecerme de los improperios de este cuerpo, regurgitado por el espíritu que brota del sopor y que vive hurgando las marcas de las minas desprendidas de tu vientre. Voy alimentándome de las moscas que me rodean, diseccionando a las arañas y causando disturbios en sus nidos, pero perdono la existencia de las cucarachas que no se acercan al pan duro de cinco días y con estupor respetan la osadía de mi estampa. Las fuerzas se descuajaringan, como la piel de culebra que se desposee del tiempo, como mis párpados ante tus abundantes estancias, como la luz imposible que nacía de tus piernas. Soy solemne en este callado invierno, donde mis tímpanos crepitan como mendigos que desarticulan palabras huecas para abrazar los símbolos; símbolos que son los fierros calientes que alumbran la intemperie venenosa del diciembre descosido.
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Gio.

3 comentarios:

Anouk A. dijo...

"como mis párpados ante tus abundantes estancias"

qué verso tan sonoro y conseguido, tiene un ritmo solemne, que en realidad se puede extender a todo el poema... me gustó...

Ilkhi dijo...

Esos "fierros calientes" te hacen grande, Gio. Los veo formando parte de ti.

Tu poesía transmite verdad.

Abrazos castellano-eusko-limeños.

Hasta pronto.

EL GATO ESTEPARIO -víctor- dijo...

Muy bueno.

Abrazo.