viernes, 8 de febrero de 2013

Deshabitarse


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Las horas vacías de mi persiana son dos párpados cerrados
hacen poesía con el palisandro agujereado de mi pecho
y vengo del miedo
de la ebriedad de la niebla
de la humedad que habla con gesto harapiento
del abandono sometido a los tentáculos de la asfixia
porque fracciono la sombra
mato la lengua que me escribe con sus pezones dislocados
hay en los rescoldos una ley inconfesable
desapegan heridas a los escayolados encierros
mi cuerpo que fue habitado con paredes de manos
se convierte en corona de vaho
resbalando por el fuego cristalino de unos ojos idos.








Gio,

2 comentarios:

María Sotomayor dijo...

Deshabitar la angustia, o hacerla más leve.

M.

Andrea Breq dijo...

He disfrutado mucho con la visita,Gio.

Será un placer seguirte y seguir compartiendo espacios de poesía.

Un abrazo,

A.