miércoles, 3 de abril de 2013

Lo que puedo dar

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No lamento no poder ser el sueño de nadie, yo sólo puedo dar realidades: oscuridad, luz, nada de opulencias; un estupor columpiándose por la saliva y los colchones; un pecho que se abre a lo largo de diluvios, lleno de callejones que se hilaron con los avernos de las dos últimas décadas; puedo dar un pie, un brazo y más de una cicatriz, hasta el hígado obsidiana que segrega el veneno que me sostiene. Dar la vida de la sombra que me brota, con la fuerza del belfo inquieto que habita ensangrentado en mis palpitaciones. Una lamparilla de demencia, una vegetación precaria, un tambor que circula por mi sangre y que abraza las raíces, puedo dar; incluyendo el nacer de un descubrir de las frutas calcinantes que dejan el sabor de las pieles que van mutando. Yo sólo puedo arder sin consumirme y dar el fuego que contiene el agua con una mirada limpia, preguntando siempre a las ballenas por qué dejó el mar al hombre mancharse de barro. Yo sólo puedo dar el color del brasero sin dejar de tocar el suelo con los dedos de las aurículas que levitan cada vez que gritan en una plaza pública para defender con sus dientes el derecho.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Gio.

2 comentarios:

Vera Eikon dijo...

Me gustan tus prosas.Te leo y escucho palabras que no siempre se dejan oir...Un abrazo

Lila Biscia dijo...

gio, con la primer frase del poema, ya se compra!

besos

(ay, la palabra verificadora me atormenta)