lunes, 1 de noviembre de 2010

Nuestras noches

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La noche se ruborizaba siempre
porque la carne sudaba cuchillos
en nuestras escaladas legañosas de medialunas,
en nuestras conciencias sin límites
que agrietaba cualquier muerte.

Quisimos romper las raíces y volatizar todo
enroscarnos por la boca que espejeaba los brebajes
que humeaban en los racimos perversos,
conjugar la sangre en un fondo inagotable.

Terminaba desollado y a oscuras
con una claridad que me incendiaba,
terminabas océano y serpiente
con olor a zarza redentora.

Ahora la noche está en trance
y yo te espero en sus peldaños
empapándome de intemperie
porque no quiero ningún techo que me aplaste,
ni espejos que mientan a la soledad.

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Gio.

3 comentarios:

mis largos pies dijo...

Acaba muy alto este poema, el último párrafo en maravilloso, Gio. Me encantaría estar para verte el jueves, pero migrar tiene sus (muchos)inconvenientes y yo estoy lejos, ya sabes. Muchas suerte y mucha poesía. Un beso.

Anouk A. dijo...

"terminabas océano y serpiente
con olor a zarza redentora."

Fantástico poema! mucha suerte para esta noche, es realmente lastimoso no poder ir...

Haffner dijo...

Muy bueno.

Un abrazo.