jueves, 28 de junio de 2012

Sin edad

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Era como un niño de 9 años cuando trepaba por su pelo y en otras un viejo de 70 por la seriedad que le ponía al beberle la angustia. Pero jamás tuve edad al hacerle el amor. La amarras se sujetaban al viento y las noches se envenenaban, los pájaros desahuciados olvidaban sus propios nombres y los perros masticaban los sortilegios. Lo infinito, me dijo, lo infinito es un viaje donde lo que esperamos no existe y cuando estoy contigo el resto del mundo se pone a jugar debajo de la cama. Ahora ni 9 ni 70. Desde que el mundo dejó de jugar, este ha seguido su curso y la ebriedad de sus piernas fueron dos rieles desvencijados capaces de cultivar mi naufragio. Ahora sólo tengo finitos, párpados sin perspectiva de aire, un vacío postrero, atrapado en la garganta. La nada y su licantropía son campanas desangradas, son paisajes sin edad, que pueden ver por los ojos de los difuntos.







Gio.