viernes, 1 de febrero de 2013

A pecho abierto


.
No fue capaz de protegerme de las arenas
esa intemperie que asalté de la ceniza
de ese tumulto hoyo impreso en mis centros
para fragmentar la humareda
no fui capaz de cuidarme
del viento que pega en las costillas
del perfume de su respiración
de la violenta ternura de los niños muertos
que vuelan rapaces
por los cantiles de mi cuerpo
en esta locura de marea
de noche fósil dolorosa de cuencos y flaquezas
me he quedado sin sus ojos para andar
y me extravío en la misma luz
hay en mi fondo un latón oxidado
que refleja la sequedad de mi gris
la orfandad de un pecho abierto
incapaz de muchedumbres.









Gio.

3 comentarios:

María Sotomayor dijo...

dolores como delicias, cómo ese violeta de los niños muertos...

M.

Charcos dijo...

Hacía tiempo que no paraba en tus versos, me alegro de haberlo hecho.

Un abrazo

Vera Eikon dijo...

Los poetas no se cuidan. Ellos ponen ante nuestros ojos sus pechos abiertos. De vez en cuando una descubre que allí anida un pájaro...Bicos!