jueves, 14 de febrero de 2013

Tres poemas de "El hombre cuneiforme"

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Cabeza migratoria

Cabeza migratoria que has saboreado la servidumbre de los garfios, aquellos que se disfrazaron de huida, esos que agravaron la anemia con las astillas de los treinta y tres años, entrelazados en chumberas y hogueras, en quincha y estertores, en yunques y latigazos, en candiles incendiarios que ardieron en tu lengua de miga, en tus estoqueadas papilas, por ese cáñamo pétreo que reverberó los galeones de tu saliva, en ese amasijo de clavos ardiendo, que degustaste complacido y que engulliste en la resaca de su óxido. Cabeza de imán que se agrieta, monolito que erupciona sobre la ceniza sembrada en el pasado, defines la luz del inexorable cuello serpentino, agotando ésta ciudad que empuña el pelambre, en aduanas preventivas con lazarillos y catacumbas dromedarias. Cabeza descorchada, hacinada a las piedras kilométricas de una lotería que juega con la flacura de los marfiles y que zumba como la mosca fecal que se clava en la garganta de la tragedia. Cabeza clava, que irrumpes, arrebatado, en el follaje del alfabeto de las serpientes, que fecunda la voracidad de los metales humanos.
 

El hombre cuneiforme

Qué generoso es el tiempo nube, la tumba que duerme, el astuto riesgo que ruidosamente me lame como esa boa que se desliza sobre mi cuello. Todo es un disparate, mi tórax se expande, se asienta en mi espalda y no hay incógnitas en los linderos de los fusiles, cuyas balas se pasean por la identidad del hombre sueño, del hombre espina, del hombre cuneiforme que transita a pie por Madrid. El gallo no canta por la ciudad, padece de ronquera macerada en un abecedario repatriado por las calles, en ese cemento alvéolo, rellenado con cáscaras de minutos arranchados al infortunio.
Generosa la patria de los cangrejos, esa que también es la mía y la de todos, esa que es azul y que te obliga nadar a contracorriente para ganar la carrera de los pericardios, traspasando el eco de la propia voz, incitando que la charrasca de tungsteno se clave por las esquinas de los abrazos y que mi reverso se vuelva piano, con las teclas anidadas en la columna. Y mi simpleza se cansa, se duerme, se convierte en impertérrito silicio de la palabra; se vuelve mar, facción, hojas que gritan en su irracional búsqueda de todo lo desconocido, para al final sonreír en el guarismo del silencio, donde dejé empeñada la muerte.



Utilidad poética

La verdad es que la vida no es absoluta
se extiende tajante por los símbolos de la muerte

la enfermedad del hambre,
la miseria de la ignorancia,
se suscriben apegadas a las costillas de la realidad

si sirviera la poesía para aliviar y aplacar faunos
los jacos galoparían entre bosques de niños
y éstos olvidarían los cactus del cuerpo

el crujir de los huesos y el trinar del estómago
son campanas de mediodías,
son candores insultantes
al desolado aliento sintético
que ahonda en el bronquio

mientras el peso de la espada
ya no corta naranjos
la opulencia de los olivos
va acabando con los sapos que alimentan los versos.




"El hombre cuneiforme" es el primer poemario que escribí como tal, terminado a principios del 2010. Tiene 56 poemas. Podía haberlo publicado en papel hace un año atrás, pero no quise, por las constantes correcciones que le hacía. No estaba convencido. Es posible que pronto lo publique en la red, en pdf, para quienes quieran tenerlo gratis.



Gio.