lunes, 19 de agosto de 2013

Elena

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Ella y su fuerza de volcán danzante se cristaliza sobre mis hombros
absorbe cada latido cada áspera huella del ansia
que tomo como manzana amante en su sencillísima locura
gimiendo yedras para espantar un poco esta oscuridad
la soberana del fuego en el añil de su vientre nube
de cada baile de cada quiebre en sus movimientos de oriente
donde se posa cada hijo del sol para dar saltos de vida entre sus piernas.
Te voy a escribir entera y perlada le dije
te voy a pintar con savia en mi papel precario
aunque me quieras liviana y sin médula
por los erróneos musgos que rodean mis sienes
aunque sólo quieras al niño desprotegido habitante de mis dientes
a la criatura de mis quemaduras y fiebres que acopia gatos en tus entrañas
¿y cómo derivar ahora? ¿cómo salir de tu mordiente jardín?
¿de la caliente tinta de una luna carnívora?
Desde tu búsqueda de uña y piel
cuando mi tristura me quebraba
llegaste abierta como hectárea de jazmines
y en espontánea trenza tus labios astillaron mi piel
los días seguían a la izquierda y fuimos dos zurdos con todos sus despojos
con tu cama de selva para mi sexo servil en tu purpúrea tempestad
y entonces fue tarde para mi cuerpo inmigrante
para mi alma contradictoria que quedó presa en tu ronroneo
de abogada brebaje de todos mis delitos.









Gio.