lunes, 5 de julio de 2010

Yelmo

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Concedida la fuerza, la debilidad se estremece
el martirio es masticado mientras los ojos se esquilan

se amortaja en su poncho,
confunde la eternidad con el instante,
se divide en sangre, culebrea en sombras

huye de su largo escalofrío
con zancadas de petrales,
en duplicados que remangan las rodillas,
en la humedad de la ceniza

concedida la fuerza, el yelmo se acomoda
se zurce la madera en las arterias que apuñalan
porque no hay clavos que la intemperie no doble.





Gio.

5 comentarios:

Bibiana Poveda dijo...

super fuerte. me encantó, Gio.
la última estrofa, genial.
abrazo.

santiago tena dijo...

la eternidad no es otra cosa que el instante

un abrazo, colega

Elisa Berna Martínez dijo...

La fuerza termina siendo demasiado relativa, pero siempre andamos buscando yelmos o corazas que nos aislen del dolor.

Un saludo!

Carmen Garrido Ortiz dijo...

Como un mantra, se repite el verso. Como algo ancestral. Y los opuestos...La grandeza de lo débil.
Y tu vocabulario íntimo y único.
Cpincido con Bibiana. La última estrofa: genial
Carmen

Jorge Ampuero dijo...

Versos dibujando los inmolados rincones de nuestro fluir interno. Un poema casi surrealista.

Saludos.