No es malo tener dudas. Las certezas son más complicadas. La duda te hace ver y escuchar otras voces. La certeza es lo definitivo, lo comprometido. Yo tengo de ambas. Si dudas no arriesgas. Hay cosas en las que no arriesgo. Si estás seguro de algo, no importa el peligro. Hay cosas en las que no tengo miedo. Ella me dijo una vez que estoy desequilibrado, que necesito terapia. Yo le dije que soy capaz de eso y de cualquier cosa si vuelve conmigo. Me dijo que lo pensaría, luego me dijo que no. Dudó. Por un momento, dudó. No tuvo certeza.
Vivo entre libros, folios con apuntes, viejos cuadernos, fotografías, discos, recuerdos. Cocino. Cocinar me relaja. La comida peruana me equilibra. Un buen pescado fresco sudando entre cebollas, ajos, ají amarillo, tomates, sal y pimienta. Un punto de Kión (gengibre). Al final un chorrito de limón. Todo acompañado con una buena porción de arroz blanco, graneadito.
Terapia. Ella sabe que no creo en esa mierda. Que ni siquiera concibo la escritura para esos fines. Siendo un niño, mis padres, me llevaron a psicólogos en varias ocasiones, pero a distintos psicólogos. No me aguantaba ninguno. Y lo hacía adrede. Sabían que jugaba con ellos. Era mi forma de protestar porque si había algún problema conmigo la razón estaba en mi propia casa. Era niño, pero no tonto. Mis padres se echaban la culpa entre ellos. Yo tenía claro la raíz del problema y ellos no se daban cuenta. Estando en las calles de mi viejo barrio, jugando al fútbol, esquivando carros, jugando al trompo, a las canicas, cazando arañas entre las paredes de quincha y adobe, agarrándome a trompadas con niños de otros barrios, tomándome una "Inca Kola" heladita para refrescarme en verano o un emoliente hirviendo para el húmedo invierno, comiendo ceviche y anticuchos en el mercado, bebiendo extractos de papayas, plátanos, lúcumas, fresas con algarrobina; todo eso me protegía de mi casa. Y ya de casi adulto, estando en Madrid, el primer año, el choque fue brutal. Me vi con la obligación de cambiar mi mentalidad, me hice fuerte. Yo solo, sin la ayuda de nadie.
Sin embargo podría hacer hasta eso, si ella vuelve. Pero no será así.
Ahora vivo cerca del Río Manzanares. No es el Rímac. Madrid no es Lima. Son parecidas y distintas. Siempre que entro en estados profundamentes depresivos en estos últimos 17 meses me planteo la idea de volver a Lima. Acogerme al "plan retorno" de este gobierno, donde me dan el dinero que me corresponde por mis aportaciones durante mi estancia y del tiempo que he trabajado, a cambio de volver a mi país y no poder regresar a España durante tres años. Son 12 años en España. Y nunca he cobrado el paro. Siempre me he buscado la vida, siempre he trabajado. Es una desición muy difícil, siempre dudo. A veces ya no sé si mi vida está aquí.
Le digo que sí, estoy un poco desequilibrado. Pero qué esperas, me conociste así y te gustaba. Me conociste mujeriego y cambié por ti. Por otro lado, tú creíste en mí, confiaste en mí, cuando yo no creía en mi capacidad o en mi talento para escribir poesía, pero me convenciste, me ayudaste a recuperar la confianza y volví a escribir... no he parado hasta ahora. Tus ojos aerolitos, tu boca magneto, tu fondo noble de peruana deliciosa. Limeña salpicada de melcocha, de huecesillos humeantes.
Siempre he perdido, esa es mi historia.
Gio.